Un subdirector de secundaria sostuvo una reunión con los padres de una alumna para hablar sobre ciertos comportamientos que había observado en la joven. Durante el encuentro, les habría sugerido buscar apoyo terapéutico para su hija.
Posteriormente, la estudiante habría afirmado que recibió flores enviadas por el directivo, aunque, según la versión difundida, ella misma se las habría enviado. Más tarde, lo señaló por presunto acoso y abuso sexual agravado.
El docente, quien contaba con más de 30 años de trayectoria profesional, perdió su empleo, fue detenido y terminó en prisión mientras enfrentaba las acusaciones.
Finalmente, recuperó su libertad al no existir pruebas suficientes para acreditar los delitos que se le imputaban. Sin embargo, el proceso dejó consecuencias personales y profesionales que podrían ser difíciles de revertir.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa la importancia de investigar toda denuncia con rigor, garantizar el debido proceso y evitar que los señalamientos se conviertan en condenas anticipadas.

