Amanecí otra vez entre tus brazos, dice la canción, Zacatecas amada mía. Y heme aquí que me entero por todos los medios posibles que tienes otra faz, que amaneciste de buen humor, radiante y bella como toda tú.

Para comenzar, supe que tus deudas habían sido saldadas en su entereza, que ya no le debíamos nada a nadie y que esos 22 mil millones de pesos en pasivos que hace poco rememoró, cifras tras cifra, un político zacatecano en el teatro Calderón, se habían liquidado peso a peso.

Ya no teníamos que pagar nada: ni a los proveedores ni tampoco entuertos municipales de parentelas, ya que tus nóminas fueron saldadas hasta el último momento con trabajadores satisfechos de que sus ganancias les rindieran al máximo mientras los agobios de acreedores eran sólo la parte borrosa de un mal recuerdo.

Tus campos reverdecían y los campesinos cantaban de júbilo porque, al fin, sus cosechas no dependían más de coyotajes y del gobierno, que ganaban lo justo, en suficiencia y abundancia para darse vida de reyes y que todos sus labriegos recibían, bajo la añeja teoría marxista, los emolumentos necesarios y suficientes para vestir y alimentarse, enviar a sus hijos en autobuses mejores a los daneses a la escuela para recibir una educación que superaba a la del primer mundo.

Que, ésa, nuestra educación, antaño tan manipulada y violentada por sindicatos, ahora estaba en manos de profesionales que preparaban a nuestras juventudes en ciencias, artes, filosofías y ciencias digitales, en este último segmento, al fin logramos llevar conectividad a las regiones que fueron las más pobres de la entidad y en Mazapil había una universidad experta en ciencias físico-nucleares para la paz.

Y que en la UAZ se hacía arte y cultura, ciencia, mediante subsidios de empresarios multimillonarios para fomentar y desarrollar el campo, la industria, los bosques, lagunas y montañas del estado. Que todos sus parásitos salieron como cuando los perros se rascan las pulgas.

Que hubo un tiempo para sanear todos nuestros ríos y que la basura que antaño los contaminaron desapareció por obra social de todos, así como por el dedo de Dios se escribió.

Que al fin logramos industrializar Zacatecas pero con energías limpias, no contaminantes, que la minería ya era nuestra, no canadiense ni inglesa o francesa, y que exportábamos lingotes de litio que sobrepoblaban las arcas del estado y todos los zacatecanos traían más de lo necesario en sus bolsillos en sus carteras.

Que por fin la criminalidad había desaparecido, que no había más jóvenes metidos al ilícito pues todos tenían ahora educación, empleos bien pagados, y que ellos, como los ancianos, vivían en tierras de abundancia y prosperidad, de salud física y mental.

Que los ingenieros descubrieron la fórmula para extraer agua de los subsuelos libre de metalíferos nocivos, mientras que las calles estaban limpias todo el tiempo, que la pobreza era sólo el pretexto de holgazanes sin futuro.

Y que al fin todos tus delincuentes de traje habían sido procesados y encarcelados con toda la salvaguarda de sus derechos a buen término.

Que te habíamos transformado en potencia turística y los meseros y dueños de tendajones ya no chasqueban la lengua para atender a sus clientes.

Que toda tú eras otra, una nueva dueña de tí misma al grado que tus hermanas Aguascalientes, Durango, San Luis y Jalisco reñían de envidia en tu contra.

O como diría John Lennon: I’m only sleeping. Please don’t shake me, let me where I am. I’m only sleeping!

Por favor, no me muevan, déjenme donde estoy pues sólo estoy soñando“.