O lo que es lo mismo, la LXIV que apenas acaba de ingresar al proscenio la mañana de este martes podría, en un descuido, hallarse contra las cuerdas.

Si vemos con optimismo el escenario político de Zacatecas, inmerso el estado en el desastre, la anterior se fue con acentos funerarios, quizás nadie la recuerde por su alto grado de inoperancia legislativa o, lo que es lo mismo, como muchos lo refieren mediante lamentos en el Issstezac, algunos “solamente calentaron la curul, mientras la entidad se caía a mazazos”.

Es válido recordar que toda democracia tiene bemoles, pero también sostenidos y que los 30 de la 64 tendrían que bregar con un camino plagado de pedrones, entre desplazamientos sociales provocados por violencia creciente, la caída de las pequeñas y medianas empresas, un decrecimiento económico que, por más que el saliente intentara defender nomás no puede, porque la economía de las familias está hollada.

A eso añadamos la penosa vuelta a clases, en algunas de cuyas escuelas primaras ni para gel hay y en las que comienzan a surgir los primeros brotes de Covid, el desmembramiento de las estructuras familiares, que, si no fuera por las remesas de zacatecanos en Estados Unidos, por poquito hubiéramos ingresado ya al desahucio.

El escenario no es sencillo para quienes acaban de ingresar, porque tienen en sus manos la posibilidad de desactivar una bomba de tiempo, finamente calculada para que estalle en Palacio de Gobierno en los próximos días.

No se trata de perseguir ideologías, pues a la realidad atroz por la que atraviesan miles de zacatecanos, los colores ya no le dicen nada, excepto la alteración del orden público vía inseguridad, falta de empleo y oportunidades; es decir, que legislar al vapor y por cualquier objetivo parece no tener mucho sentido en un momento en el que navegamos a la deriva, sin brújula y con un timonel que ha tardado en aparecer.

No queda mucho tiempo; al momento, parece que los padres de niños con cáncer se han comportado de manera respetuosa, pero, como ellos mismos lo han revelado, “si las muertes rondan a nuestros hijos, posible es que la situación caiga en el extremo”.

La fiesta se terminó y, con ella, las oportunidades de seguir aplazando la solución de los hechos.

Zacatecas ya no tiene más que perder pues ya antes lo perdió todo; las quejas cunden por doquier con poco más de tres mil muertos por Covid y otros problemas presentes en el doloroso circuito de la neurastenia: enfermedad-desempleo-pobreza-malestar social generalizado-delito.

Para la 64 las cosas no parecen sencillas; esta vez no se trata de una foto bonita fuera del palacio, un salario, bonos y prestaciones por más de 150 mil pesos al mes.

Hay que comenzar a tomarle la temperatura a la ciudadanía, porque acá abajo, la cosa hierve…