Zacatecas, Zac.- De manera constante, los autobuses urbanos que circulan entre Guadalupe y Zacatecas se ven asolados por todo tipo de vendedores: merolicos, faquires, payasitos, cantantes de rap y otros.

Si usted tiene que viajar en ellos, se dará cuenta que, de Guadalupe a Zacatecas y viceversa, todo el tiempo suben y bajan personas con necesidades de mantener a sus familias.

Es decir, que a esos grupos de pobladores no atendidos por la autoridad y con ausencia de empleo formal, se les hace fácil entonar alguna melodía sin acompañamiento, recitar versos de rap urbano, vender lo que puedan e incluso meterse clavos a la boca y sacarlos por los oídos.

De manera reciente, se han incorporado grupos de centroamericanos, salvadoreños y hondureños que van de paso a Estados Unidos y llegan a Zacatecas para hacerse de unos centavos.

No faltan quienes aducen que en el hospital tienen hijos con leucemia, o que padecen insuficiencia renal crónica o algún malestar terminal.

El caso es que muchos de ellos, al abordar la unidad, pagan ciertamente su pasaje, pero dentro se retiran el cubreboca para ponerse a gritar, tratando de cantar o de vender algo.

Y conste que en esos recorridos no se habla de un solo comerciante, sino de una serie sucesiva de anunciantes que abordan los autobuses, uno tras otro de manera coordinada entre sí y quienes realizan hasta 20 ó 30 recorridos de los que descienden con una bolsa de recursos que les permiten vivir al “ahí se va”.