Desde las primeras horas del día, la ciudad de Querétaro despertó con un ritmo distinto. Los pasos se dirigieron hacia templos, parroquias y santuarios para participar en el Miércoles de Ceniza, una de las fechas más significativas del calendario litúrgico de la Iglesia Católica. Sin distinción de edad o condición, la fe volvió a congregar a cientos de familias queretanas en un mismo gesto que trasciende generaciones.
En cada recinto religioso, la fila avanzó en silencio. Abuelos, padres e hijos compartieron el momento de la imposición de la ceniza, símbolo de humildad y reflexión. La marca gris en la frente se convirtió en un lenguaje común que recordó la fragilidad humana y la necesidad de renovación espiritual. Más que un acto individual, la jornada se vivió como un relevo de tradiciones: los mayores transmiten el significado y los más pequeños lo reciben como parte de su identidad cultural y religiosa.
Con este rito inicia formalmente la Cuaresma, un periodo de cuarenta días de preparación espiritual previo a la Semana Santa. Al salir nuevamente al bullicio cotidiano, los fieles llevaron consigo ese signo visible que invita al recogimiento, al cambio de actitud y a la reflexión interior, en un estado donde las tradiciones siguen siendo un lazo que fortalece a las familias y a la comunidad.

